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** COSAS DE BARRIO WEB - Edicion 187 **
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RAMÓN FALCÓN, DE REPRESOR A MÁRTIR CON CALLE PROPIA


Pesado. El rostro sin muecas de Ramón Falcón era el más temido entre las generaciones de inmigrantes que poblaban la ciudad a comienzos del siglo pasado.

06/10/2018

La historia del sanguinario jefe policial que reprimió con ferocidad a las masas obreras y fue asesinado por un anarquista


Allá por 1906, los señores solían piropear a las damas. Por instrucción del ministro del Interior Joaquín V. González, el 28 de diciembre, el Jefe de la Policía Ramón Lorenzo Falcón difundió un comunicado interno en el cual solicitaba “extrema atención” de sus subordinados para detectar atentados contra la moral. No sólo buscaba combatir la pornografía, sino también proteger a las damas de los comentarios callejeros.

A partir de entonces, quien fuera atrapado in fraganti diciendo un piropo -cuyo nivel de ofensa mediría la piropeada o el agente policial- debería pagar una multa de cincuenta pesos o pasar una noche detenido. Falcón aclaraba que los policías “deben reprimir los excesos del lenguaje en la vía pública, los insultos, las palabrotas tan comunes en discusiones e incidentes callejeros, como también impedir la exhibición en vidrieras o la venta de estampas o tarjetas pornográficas, libros o revistas con cubiertas obscenas”.

Aquella censura al piropo callejero inspiró el tango “¡Cuidao con los cincuenta!”, cuyo ocurrente creador fue Ángel Villoldo. Al guapo, por supuesto, estas disposiciones no lo amilanaban: para ellos, un piropo merecido bien valía cualquier multa.

Claro que estos episodios podrían parecer simpáticos, pero ahondemos en la polémica figura de este comisario nacido en 1855.

A mediados del siglo XIX, el movimiento obrero fue formando las primeras sociedades y sindicatos. Entre 1860 y 1870, apareció la primera prensa obrera y se fundaron nuevos sindicatos. Los anarquistas cumplirían un rol clave en este proceso de organización del movimiento obrero argentino. Las oligarquías terratenientes de base ganadera, exportaban a Inglaterra carnes y cereales y, con la ampliación del mercado externo, aparecía una incipiente industria nativa donde proliferaban los talleres de producción artesanal. Este desarrollo requirió de mayor mano de obra y para ello se fomentaron políticas inmigratorias. Para 1890, las estadísticas registran el ingreso de un millón y medio de personas provenientes del viejo continente.

La Argentina del primer centenario estaba despoblada. Ya se había arrancado de cuajo a los pueblos originarios con la conocida Campaña del Desierto de Julio A. Roca (de la cual Falcón formó parte) y el fomento de la inmigración era inminente. Naturalmente los europeos atraídos no fueron los que el gobierno esperaba. Las oleadas de personas que llegaron a la ciudad, lejos de ser los europeos nórdicos que se buscó atraer, fueron en su mayor parte italianos, españoles y rusos que escapaban de la situación de crisis de sus países. Con ellos vendrán también militantes políticos socialistas y anarquistas, que traían bajo el brazo ideas avanzadas.

La mayoría de los actuales habitantes de Buenos Aires somos descendientes de trabajadores inmigrantes que viajaron meses en barcos mugrientos, para llegar, engañados a un país sitiado. La vivienda prometida era simplemente el Hotel de Inmigrantes, donde los recién llegados podían permanecer un máximo de cinco días, y eran luego abandonados a su suerte. Así, los trabajadores y sus familias se agruparon sin cloacas, sin agua potable y en condiciones de vida miserables, en conventillos y viviendas precarias, constantemente desalojados por la fuerza policial al mando de Falcón.

Aparece entonces Simón Radowsky, un joven ruso nacido en 1891. El 14 de noviembre de 1909, el Coronel Ramón Falcón marchaba en su coche junto a su secretario Alberto Lartigau tras despedir los restos de su amigo Antonio Ballvé en el cementerio de la Recoleta. Cuando el coche tomó rumbo al sur, Simón corrió y arrojó la bomba que le daría muerte al coronel, su secretario y al cochero.

Radowsky intentó huir a pie, pero fue perseguido por policías y vecinos. El joven, que apenas sabía hablar castellano, sacó una pistola e intentó suicidarse. La policía logró salvarlo de la vindicta pública y lo interrogó para que dijera el nombre de sus cómplices. Se dice que durante horas padeció tormentos pero no habló.

En 1907 había 150 mil personas viviendo hacinadas en alrededor de dos mil conventillos, en condiciones sanitarias pésimas. El gobierno aumentó el precio de los alquileres. Se generó un movimiento y entre el 1 y 2 de octubre, la “huelga de los inquilinos” con 250 conventillos tomados. En ese momento comenzó el enfrentamiento con la Policía.

La oligarquía entendía que la brutalidad de Ramón Falcón, no respondía sólo a la naturaleza de su personalidad, sino que expresaba mantener el orden sin ceder ninguna libertad democrática mínima.

La acción de Radowsky expresó el odio de los trabajadores contra la brutal represión estatal que personificaba Falcón. Tras el atentado, se impuso el estado de sitio por dos meses. También se detuvo y se deportó a más de 500 activistas de distintas tendencias, se clausuraron periódicos y se cerraron locales partidarios. Incluso, se organizaron grupos patrióticos y xenófobos, formados por jóvenes de la elite. Los mismos que años después atacarían a miles de obreros organizados y dispuestos a luchar en la famosa Semana Trágica de 1919.

En julio de 1907 Falcón efectuó los desalojos masivos. Los ex inquilinos debieron alojarse en campamentos organizados por los sindicatos anarquistas. El 1º de mayo de 1909, se reunieron para conmemorar el Día de los trabajadores mártires de Chicago, y denunciar las condiciones de vida y trabajo que padecía la clase obrera argentina. Ramón Falcón ordenó reprimir la manifestación, que concluyó con un saldo de once muertos y más de cien heridos. Otras 80 personas encontraron la muerte los días siguientes.

Responsable de la orden de “dispersar” por la fuerza a una masa de 60 mil personas que acompañaba los féretros de los obreros asesinados hacia la Chacarita; la policía bajo su mando arrebató los féretros con el fin de evitar el cortejo de los fallecidos. Además, recibió a balazos a los más de 4.000 manifestantes que se acercaron al cementerio para rendir homenaje.

Hostigados, discriminados, tratados como brutos e ignorantes, la historia de la mala recepción a los inmigrantes en nuestra ciudad es de larga data, y hoy continúa, como sabemos, con los actuales nuevos pobladores.

Durante los días 5 y 6 de mayo, se producen enfrentamientos a tiros entre los huelguistas y la Policía. Finalmente, y por primera vez en la historia, el Estado tiene que sentarse a negociar con las organizaciones obreras.

Osvaldo Bayer lo pinta así “Fue un ataque feroz de total cobardía porque, sin aviso previo, el militar ordenó fusilar a las columnas obreras. Pero los anarquistas no eran hombres de arrugar y guardar silencio. Desde ese momento dijeron que el tirano iba a pagar con su vida tamaña cobardía. Y fue así como ese joven ruso se ofreció a no dejar impune el crimen del poder. Le arrojó la bomba. Cómo lloraron los diarios al dar la noticia, en especial La Nación. Había sido muerto uno de los pilares del sistema”.

Luego a Simón lo apresarán, le iniciarán juicio y lo condenarán a muerte, aunque él siempre sostuvo que era menor de edad. Lo demostrará con una partida de nacimiento llegada de Rusia y será condenado a prisión perpetua. Como no tuvo éxito una huida preparada por sus compañeros anarquistas, fue trasladado a Ushuaia, donde todo preso iba indefectiblemente a morir. El ruso Simón se fue convirtiendo en el alma del presidio. Él siempre daba un paso al frente en la protesta cuando a algún otro preso se lo castigaba o se cometían injusticias en el trato general. Fue durante toda su estada un verdadero delegado defensor. Por eso mismo se lo sometía a un tratamiento de terror. Pero el “ángel de Ushuaia” no daba su brazo a torcer sin temor a las represalias de los guardiacárceles. De aquella cárcel del fin del mundo construida por Roca, fueron muy pocos los que salieron con vida o retornaron a la sociedad con sus facultades mentales normales.

Los anarquistas de todo el país siempre recordaron a Simón y lucharon por su libertad. Intentaron un operativo y lograron liberarlo y embarcarlo en un pequeño velero rumbo a Chile, pero cerca de Punta Arenas, guardias chilenos lo sorprendieron y lo entregaron nuevamente a las autoridades argentinas. La venganza fue tremenda: Simón fue encerrado durante más de dos años en una celda aislada. Pero en los círculos obreros y políticos, Simón ganó cada vez más popularidad. Las calles de Buenos Aires y otras ciudades mostraban pintadas con “Libertad a Simón”.

Muchos le enviaban dinero que se recaudaba en las fábricas. Pero Simón lo repartía entre los enfermos del penal y la compra de libros para la escasa biblioteca de la cárcel. El presidente Yrigoyen, finalmente, lo indultó el 13 de abril de 1930. Simón había padecido veintiún años de prisión. Pero la reacción de los militares y la prensa no se hizo esperar. Al arribar en barco hasta el Río de la Plata fue expulsado hacia Uruguay.

En la otra orilla fue vitoreado por manifestaciones obreras que le recibieron en sus sedes. Al tiempo comenzó a trabajar como mecánico y más tarde ofició como mensajero entre los anarquistas de Uruguay y de Brasil. Pero con el golpe de Estado en Uruguay, Terra ordenó su detención y el anarquista fue confinado a la isla de Flores, donde debió dormir en un sótano. Allí permanecerá más de tres años en condiciones indignas, hasta que sus compañeros de ideas logran liberarlo. Pero al llegar a Montevideo fue apresado nuevamente hasta que, liberado de nuevo, decidió marcharse a España. Allí oficiará de transportador de alimentos para las tropas del frente. Luego Simón marchará a Francia a refugiarse y de allí podrá embarcarse hacia México.

En México trabajará en una fábrica de juguetes para niños y allí transcurrirán los últimos 16 años de su vida, entre el trabajo, charlas y conferencias que daba a sus compañeros de ideas. Siempre sostuvo que la revolución humana sólo podía hacerla el socialismo libertario, hasta lograr la paz eterna y la igualdad entre los pueblos.

En la Argentina, los dueños del poder siempre trataron de ignorar su figura. La del que había alzado la mano para eliminar a un tirano y que en su vida posterior se comportó como un ser de bondad extrema y espíritu solidario con los que sufren.

Falcón está enterrado en el cementerio de la Recoleta, sobre el muro de la calle Azcuénaga, en un imponente sepulcro obra del escultor León Ernest Drivier. Hasta 2011, el instituto de formación de la Policía Federal Argentina llevó su nombre.

También lo lleva la calle Ramón Falcón, que se extiende desde Liniers hasta Caballito, atravesando cinco barrios porteños. Son muchos los vecinos de esos barrios que iniciaron reiteradas gestiones para cambiarle el nombre a la extensa calle. No sólo por los caídos, sino por toda una generación expuesta a la miseria, xenofobia y brutalidad policial. Sería, en tal caso, un gesto mínimo de memoria y respeto a tantos de nuestros bisabuelos, abuelos, e incluso padres, que desembarcaron buscando un lugar mejor.


Josefina Biancofiore


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OPERATIVO POLICIAL CONTRA LAS PICADAS EN LA PLAZA MONITO


04/10/2018

Tras los reiterados reclamos de los vecinos, la policía secuestró cinco autos y nuevo motos por diversas irregularidades


Son las 23.45 del viernes 7 de septiembre y como tantas otras veces, la plaza Monito –o Rómulo Zabala, tal su nombre en catastro, de Ercilla y Fragata Trinidad, en Mataderos- está colapsada. La noche casi primaveral invita a disfrutar del aire fresco, pero los vecinos prefieren quedarse en sus casas. “Esto es un caos, si cruzo a la plaza capaz que me llevan puesto”, dice Jorge, de 57 años, con cara de resignación, apoyado en la pared del frente de su casa, la misma donde vive desde hace casi dos décadas. Se hace difícil escucharlo por el constante tronar de los caños de escape y las aceleradas de autos y motos, que se preparan para volver a transformar la calle Fragata Hércules en una improvisada pista de carreras.

Ahora dos motos se posicionan en Ercilla y Fragata Hércules. Ambos conductores se miran, se sonríen y se desafían, y todo sin dejar de acelerar. Ninguno de los dos aparenta más de 20 años. Por delante tienen una recta de 150 metros hasta la avenida Emilio Castro, que como cada fin de semana por la noche explota de gente. Fragata Hércules es una cortada de escaso tránsito, que con sus cinco metros de ancho se presenta como el terreno ideal para las picadas clandestinas, de esas donde no existen ni el salamín ni las aceitunas, pero sobra la adrenalina. Mientras, en la plaza, desde el portón trasero de un Chevrolet, dos potentes parlantes escupen música electrónica a todo volumen. Algunos agitan su cuerpo con ese ritmo frenético y pegadizo, otros se insultan o se pelean, y más allá, sobre un banco, están los que prefieren disfrutar del alcohol. No habrá que esperar mucho para que vuele algún botellazo, cuando una cargada de más invite a la represalia.

“La plaza está tomada, hace una hora llamé a la 42ª y todavía estamos esperando que manden un móvil. Estos tipos no paran nunca, rompieron todas las rejas de la plaza, arman campamentos, hacen sus necesidades en la puerta de tu casa y nadie dice nada. Mañana el arenero donde juegan los chicos va a volver a estar lleno de vidrios…”, dice Aníbal, otro vecino de la plaza, de 32 años, sin dejar de observar la veintena de motos que se cruza sobre la calle. Tanto él como el resto de sus vecinos, vienen padeciendo esta situación que se repite cada fin de semana desde hace unos ocho años, ante la pasividad de las autoridades, que parecen ajenas a su preocupación. “Esto también ha atraído a gente que trafica droga, vende objetos robados, promueve la violencia y comete delitos”, agrega.

La avenida Emilio Castro y su espectacular polo gastronómico lucen su glamour a toda hora. Sin embargo, una cuadra y media más adentro del barrio Naón, el paisaje es bien distinto.

Cae la tarde del sábado 8 de septiembre y, una vez más, el ruido de motores marca el ritmo frenético de la plaza Monito. Una constante que se repite año tras año de jueves a domingo, cuando las luces del día se evaporan detrás de la General Paz. De pronto, móviles policiales obstruyen las bocacalles linderas y se inicia un operativo inédito en la zona. Personal del Ministerio de Justicia y Seguridad y de la Dirección de Tránsito porteña, junto a efectivos de la Policía Motorizada de la Ciudad, comienzan a requisar los vehículos y a indagar a sus conductores.

Una hora más tarde se observan sobre uno de los laterales de la plaza cinco automóviles y nueve motos, secuestrados por diversas irregularidades: falta de chapa patente, cédula verde o registro de conducir, y conductores a quienes les dio positivo el test de alcoholemia. Según fuentes policiales, se efectuaron en total 65 controles a automóviles y 31 a motocicletas, para verificar que sus conductores tuvieran la documentación en regla. Además, se labraron decenas de actas de infracción por estacionar vehículos sobre las veredas.

Unas horas más tarde, la Policía de la Ciudad subirá una imagen a las redes sociales en la que se verá una pareja de efectivos y más abajo se informará “reforzamos la seguridad en la plaza Monito para que las vecinas y los vecinos puedan disfrutar más tranquilos. Seguimos avanzando hacia una Ciudad más segura”.

Faltan apenas unos minutos para el mediodía del domingo 9 de septiembre. Está nublado pero no parece que fuera a llover. Un grupo de chicos juega y se divierte en la plaza Monito, mientras sus padres conversan a pocos metros. La risa de los niños se mezcla con el canto de los pájaros. Enfrente, Jorge abre la puerta de su casa y al fin se decide a cruzar a la plaza. “Hacía rato que no disfrutaba del verde sin el ruido de las motos y los autos. Por eso aunque no haya sol salgo igual. Andá a saber cuánto falta para que vuelvan las picadas…”.


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SONRISA DE DUENDE, CORAZÓN DE LEÓN


29/09/2018

La conmovedora historia de Stefi, la pequeña de 5 años que lucha con fiereza contra un tumor cerebral y mantiene en vilo a todo un barrio


La sonrisa de Stefi surge plena, radiante, natural, como la de tantos otros chicos de 5 años para quienes la vida es un largo camino con miles de aventuras por descubrir. Sin embargo, su historia -su corta historia hasta aquí- sabe más de pesares que de alegrías. Tal vez por eso todo un barrio se conmovió cuando a fines de febrero último su caso trascendió a la opinión pública con un desesperado pedido de auxilio por su salud. Desde entonces, el nombre de Stefanía Tarulla Zóttola, o simplemente Stefi, sensibiliza, enternece y moviliza a miles de vecinos anónimos que a diario tienen presente esa sonrisa como la más fiel expresión de las ganas de vivir.

Para conocer la evolución del estado de salud de la pequeña, Cosas de Barrio se contactó con su mamá, Carolina, Tarulla quien junto a su marido Emiliano y los otros dos hijos del matrimonio (Julián de 7 años y Delfina de 2) debieron dejar hace meses su casa de Liniers para instalarse en Miami, donde Stefi está siendo tratada de un extraño cáncer que sólo padecen quince personas en todo el mundo.

“Queremos contarle a la gente cómo han sido estos meses de lucha de Stefi y de todos nosotros para combatir esta enfermedad”, comenzó diciendo Carolina en una entrevista telefónica.

Faltaba poco para que Stefi iniciara el preescolar en el Baldomero Fernández Moreno, de Tuyutí y Martiniano Leguizamón, cuando empezó a quejarse de una molestia en el cuello y la cabeza, a la que le siguieron náuseas y vómitos. El primer médico que la examinó le diagnosticó sinusitis. Pero se equivocó: Stefi tenía tres tumores en la cabeza.

El 22 de febrero le pusieron nombre a su mal: un tumor embrional de alto grado en el cerebro que se había diseminado por la médula, del que la operaron dos días más tarde. “Le sacaron con éxito dos lesiones del cerebelo, pero quedó una”.

Carolina y Emiliano se contactaron entonces con las principales eminencias de Oncología de la Argentina, pero ninguna les daba un pronóstico alentador. “Paralelamente presentamos en el Garraham la orden de la oncóloga y patóloga asignadas para que hicieran un estudio molecular que determinara con qué drogas atacar el tumor en el tratamiento, pero después de veinte días cruciales nos confirmaron que no habían podido hacer el estudio porque la máquina se había roto”, cuenta Carolina, y asegura que ese fue uno de los momentos más tensos que les tocó atravesar en este tiempo, “porque la enfermedad le avanzó sin poder comenzar un tratamiento, ya que estábamos a la espera de un resultado que nunca llegó”.

A partir de allí el matrimonio inició una intensa búsqueda por todo el mundo para dar con el sitio adecuado que pudiera tratar con éxito a Stefi. “Desde el primer día nos reunimos con familiares y amigos y cada uno aportaba algo, nos dividíamos las tareas de búsqueda para investigar y llamar a los diferentes contactos, así fue que en Estados Unidos encontramos una luz de esperanza, un protocolo de investigación que podía salvar a Stefi”, recuerda Carolina con la voz entrecortada.

Después de varios días consiguieron que los admitieran en el Boston Children’s Hospital. “Esa misma semana viajamos, pero al llegar a Miami donde bajamos del avión para seguir rumbo a Boston, Stefi comenzó con síntomas cada vez mas graves, ya que los tumores tocan el sistema nervioso central”. Del aeropuerto debieron trasladarse de urgencia al Nicklaus Children’s Hospital. “Ese mismo día el cirujano y director de neurocirugía nos dijo que debían operarla ya mismo para descomprimir la médula que estaba tomada en un 90% y corría riesgo de quedar paralítica en breve”. Carolina cuenta que la operación fue un éxito y que, al analizar el tumor, les dijeron que se trataba de una mutación muy rara de la que había muy pocos casos en el mundo.

De allí en más el plan de los médicos fue trabajar en conjunto con sus colegas del hospital de Boston para determinar el protocolo y darle una mejor calidad de vida a Stefi hasta encontrar el tratamiento adecuado. “Luego de analizar y hacer los estudios que no logramos hacer en Argentina, nos dieron el protocolo a seguir el cual dependiendo de la evolución de Stefi, durara entre nueve meses a un año”, adelantó Carolina.

Al cierre de esta edición, la incansable luchadora se aprestaba a iniciar el quinto y último ciclo de quimioterapia, que podría ser de bastante menor intensidad que los anteriores. “Actualmente los tumores se encuentran bastante controlados y se espera que con esta próxima etapa de quimio se pueda analizar más detalladamente la evolución y los pasos a seguir”, asegura la mamá.

 -¿Qué sabe Stefi de su enfermedad? ¿Está al tanto de la compleja situación que está atravesando?

- Ella sabe lo que tiene y quiere estar al tanto de todo desde el principio. Sabe que todos estos cambios en su vida son pasajeros, que el tratamiento que está recibiendo la va a curar y que es largo. Stefi maduró mucho en este tiempo, enfrenta a su enfermedad con perseverancia y aceptación. Su fuerte personalidad y sus ganas de vivir y salir adelante la ayudan a sobrellevar esta enfermedad con mucho optimismo.

Más allá de la permanente tensión emocional, la familia se ha visto obligada a afrontar toda una serie de gastos que no tenían previstos. “Desde el día en que nos enteramos que había posibilidades de tratamiento en el exterior y encontramos una esperanza, nos lanzamos de lleno. Pero pudimos lograrlo gracias al apoyo de un grupo de papás del Baldomero, que organiza diferentes eventos y rifas para ayudarnos”, explica Carolina y cuenta que gracias a la colaboración de la gente pueden afrontar los gastos del seguro médico de Stefi y la estadía de la familia en este país.

- ¿Dónde están viviendo actualmente?

- Para poder estar cerca del hospital alquilamos una casa a pocas cuadras, porque nuestros otros dos hijos también necesitan de nuestra atención. Stefi sale pocos días del hospital, más que nada a modo de distracción entre una quimio y otra. La última salida a casa duró sólo un día porque se sentía muy dolorida y debimos internarla nuevamente. Ocurre que Stefi requiere de minuciosos cuidados y de lugares lo mas sanos posibles para evitar cualquier tipo de virus que retrace su tratamiento y que debilite aún más su sistema inmunológico.

- ¿Qué podemos hacer por Stefi y por ustedes desde acá?

- Les pedimos que sigan pidiendo por la pronta recuperación de nuestra hija, por nuestra familia, que nos acompañen rezando, orando o de la manera que el corazón lo sienta para que ella pueda volver pronto y sana a Buenos Aires. Como papás la salud de Stefi es lo único que nos importa en este momento. Necesitamos toda la fe, la esperanza, la paciencia y la fortaleza para llevar adelante a nuestros tres hijos.

Y sobre el final de la charla Carolina pide agregar algo más “quiero hacerle llegar a todos nuestro agradecimiento infinito. No hay palabras para poder expresar el amor que recibimos a diario y el sostén que nos brindan en todo sentido. Gracias por acompañarnos en esta lucha por la vida de nuestra hija y por no dejarnos caer un solo día”. Y cómo no hacerlo si la sonrisa de Stefi lo puede todo.


Ricardo Daniel Nicolini

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MILANESA A LA NOSTALGIA


05/10/2018

Crónicas de barrio. Historias que laten en el interior de “La Oficina”, el mítico restaurante de Chiche Fernández en el corazón de Villa Luro


Invierno de 2018. El burbujeo en la panza apremia antes de las 20. El hambre destina el rumbo. Me detengo en la esquina de Lope de Vega y Magariños Cervantes, en la boca del barrio de Villa Luro, en la boca de mi hambre que traga saliva al entrar al restaurante La oficina. Por ahora, no hay nadie. Los chicos envuelven comida para llevar; en tanto, sentada a la mesa, espero mi milanesa con papas.

Husmeo las paredes. Un cuadro representa los antecedentes del lugar: hombres sentados en sillas altas frente a la barra de una cantina miran cómo otros hombres concentran la mirada en una mesa de billar. Llamo a una de las chicas: “La oficina” es la continuidad del bar Billares que, en la esquina de Polonia y Lope de Vega, inauguró Antonio Chiche Fernández, un fanático hincha de Vélez, nacido en Jonte y Lope de Vega, en Villa Luro, el 14 de marzo de 1945. Una nota de “El fortinero”, enmarcada, le rinde homenaje: “El recuerdo de ‘Chiche Fernández’”, quien murió hace un año y medio a los 71 años.

En una pizarra mojada, todas las mañanas, Chiche escribía una frase. Cuando en 2017 lo internaron imprevistamente, su hijo decidió esperar que regresara de la convalecencia para que el mismo Chiche cambiara el epígrafe del día con esa letra caligráfica, irreproducible. Sin embargo, Chiche no volvió. Y entonces ahora, fresca, como recién escrita, la última frase que escribió es la misma todas las jornadas: “en el mundo eres alguien y para alguien eres el mundo”.

El hambre se distrajo: cotejo, como perito, que en las pizarras que sugieren el postre del día, la letra de tiza es la misma que la de la frase. La de Chiche. Como es el mismo el mundo que dejó en el restaurante: una camiseta de Vélez, en lo alto, sobre la barra; otra nota, enmarcada, de Marcelo Costa, que lo recuerda: “me quedó la entrevista que le quería hacer, pero ‘había tiempo’, quién iba a razonar que ‘el tiempo’ puede ser más corto de lo que uno piensa”.

Pero el tiempo se extiende más allá de la partida porque Chiche fue alguien en el mundo, pero fue el mundo para sus seres queridos; es el mundo en esa pizarra de la que no cae un miligramo de tiza de sus letras; es el mundo en la mirada de Pocha, su mujer de toda la vida; el mundo, en los ojos de sus hijos, Gastón, Mariela y Gonzalo; es el mundo en la foto en la que está con su admirado Daniel Willington.

Llega mi comida. Se me va la mirada hacia los rincones del lugar. Es como si al hambre se le hubiera anticipado la sed de una historia repentina. Estaba sola, sentada a la mesa, pero a las 20.30, las puertas se abren y se cierran continuamente; los murmullos de los comensales, este jueves invernal, se superponen al fútbol de la televisión. Por ahí, su hijo Gastón. Por ahí, la remera de un fanático fortinero. Por ahí, el mundo, las Cosas de Barrio que aguzan los sentidos, de pronto, sin planear el asombro. Porque el mundo de un hombre de barrio, cuyos valores sobrevuelan en las manos de quienes atienden, son como alas de calidez y dignidad erigidas sobre la base de esa herencia que dejó: la cultura del trabajo, la calidez de los vínculos, la premonición concretada de que se iría, pero siempre sería el mundo para alguien.


Gisela Vanesa Mancuso

http://giselamancuso.wixsite.com/gisela-mancuso

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SUEÑOS DE PRINCESA


29/09/2018

Carolina cuenta que en el hospital de Miami a Stefi la conocen todos, que por su descollante personalidad no pasa desapercibida. “Su médico oncólogo nos dijo que es la paciente más fuerte que tuvo hasta ahora, está orgulloso de Stefi”, agrega emocionada.

- Contanos cómo es Stefi

- Ella siempre tiene una sonrisa, es alegre, divertida. Incluso cuando transita por el tratamiento tiene sus días de mal humor, pero al mismo tiempo siempre quiere jugar y pone lo mejor de ella para atravesar esos momentos tan complejos.

- ¿Qué le gusta hacer? ¿Con qué se divierte?

- Le gusta cantar y bailar, siempre pone música y sabe todas las letras de principio a fin, ama las canciones de Maluma, de Soy Luna y reggaeton. Dice que cuando sea grande le gustaría ser modelo o cantante. También le gusta dibujar, pintar mandalas, ver películas, jugar al memotest y al dominó. Le encanta el agua y nadar, también andar en bicicleta con sus hermanos. Conmigo suele jugar a cocinar y en casa cocinamos juntas.

El 28 de marzo próximo Stefi cumplirá 6 años. Ojalá para entonces pueda festejarlo en su casa de Liniers rodeada de todos sus amigos.





UNA MAMÁ A CORAZÓN ABIERTO


“Por favor no dejes de publicar los agradecimientos a toda la gente del barrio que nos está ayudando con el amor, el cariño y la solidaridad que nos brindan día a día, y que nos permite salir adelante y estar fuertes para nuestra leona”, pide Carolina y luego teme olvidarse de alguien.

“Queremos agradecer a todos los padres del Baldomero, a las autoridades del colegio, y a los maestros que siempre están participando en los eventos, actuando, cantando y colaborando, que nos mandan videos de los compañeritos alentando y llenando de alegría a a Stefi. A los vecinos y allegados, esos que llevan sus donaciones y concurren a las ferias y los eventos que organizan los padres y alumnos. Van con lluvia, con frío, con calor, pero están allí para apoyarnos”. Y la lista sigue “a los del comando kids que están con las urnas y apoyando la causa sin cesar, y a los comercios de la zona que se acercaron con mercadería para donar. También a Valeria Pedemonte, que es la encargada de manejar la página @todosporstefi en Instagram, un ser especial, un ángel que llegó a nosotros; a María de los Ángeles Dalto, amiga nuestra que maneja el “ayudemosastefi” en Facebook”.

Aprovecha una pausa para hacer memoria, y sigue “también agradecemos a Nómade, a Renzo y su equipo que siguen colaborando y apoyándonos desde Tandil; a Ric-Maq, la imprenta dirigida por Jésica Álvarez, quien junto a su familia se comprometieron y nos ayudan en todo sentido; y a Ivonne y Lucas y familia de “El Rey del Pollo”, que se involucraron desde el primer día”. Y por si alguien quedó involuntariamente en el tintero, agrega “tenemos miles de nombres para agradecer y sé que me estoy olvidando de varios, por eso nuestro agradecimiento es a todos y cada uno, siempre recordaremos que sin ellos esto no hubiera sido posible”.

Quienes quieran sumarse a esta cruzada solidaria, podrán hacerlo haciendo llegar su aporte a la Caja de Ahorros en pesos del ICBC a nombre del papá de Stefi, Emiliano Zóttola, N° 0540/01113428/71 CBU 01505405/01000113428716 CUIL 20-28077829-0.


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