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** COSAS DE BARRIO WEB - Edicion 183 **
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LOS MINITELLO, UNA FAMILIA DE BUENA MADERA


Abuelo, padre e hijo. Gabriel y Francisco posan en la oficina de la fábrica. Desde la pared los observa Silvestre, el carpintero italiano cuyo legado sigue más vivo que nunca.

30/05/2018

Tres generaciones de carpinteros le dieron vida a la fábrica de sillones más importante de Mataderos


Por Ignacio Messina (*)


 


Catania es un antiguo puerto de la costa este de Sicilia, cerca del monte y el volcán Etna, que aún hoy permanece activo. Su casco histórico está coronado por una amplia plaza central, la Piazza del Duomo, la extravagante Fontana dell'Elefante y la bella Catedral de Catania, finamente decorada. En esa tierra nació Silvestre Militello, el inquieto personaje de esta nota que, con apenas 22 años (en 1952, bajo la segunda presidencia de Perón) arribó a la Argentina desde su Italia natal. Pero no vino solo, lo hizo junto a María Ruberto, el amor de su vida, con quien se había casado apenas unos meses antes.


Carpintero de profesión, Silvestre desempeñó su arte en distintas fábricas, tratando de ganarse el pan que le permitiera subsistir con su esposa en esta nueva tierra. Para eso, solía viajar cada día en bicicleta desde Flores hasta Chacarita, con la intención de ahorrarse las monedas del pasaje. Así logró, al cabo de unos años, comprar la propiedad donde se afincó definitivamente, para hacer de Buenos Aires su lugar en el mundo.


Fruto de ese amor llegaron sus tres hijos: José (que partió hace unos años), Gabriel y Andrea, todos de nacionalidad argentina, la bandera que Silvestre eligió para cobijar a su familia.


Luego de trabajar como empleado en distintas mueblerías, Silvestre pudo crear la suya. Primero alquiló un pequeño inmueble y más tarde, en 1960, pudo comprar la que sería la sede de su fábrica “Estilo Confort”, en pleno corazón de Mataderos, más precisamente en Corvalán al 1800.


Y aunque el laborioso carpintero siciliano dejó este mundo bastante temprano (tenía tan solo 49 años cuando murió en 1979) su impronta sigue más viva que nunca. Hoy, María, la nona, con sus jóvenes 85 años, se dedica entre otras cosas a seguir deleitando a su familia con sus inacabables dotes para la cocina italiana, y a adorar a sus tres nietos: Francisco -hijo de Gabriel y sucesor del emporio de su abuelo-, y Lautaro y Pilar, hijos de Andrea.


Al fallecer Silvestre, su hijo Gabriel tomó las riendas de la empresa, y en base al esfuerzo y al sacrificio inculcado por su padre, logró ampliar sus ventas y abrir dos sucursales de atención al público: una en Once, en la tradicional avenida Belgrano, y otra en el Tigre, donde se ofrecen los atractivos sillones y juegos de living elaborados artesanalmente en Mataderos desde hace más de cincuenta años.


Pero la dinastía de artesanos de la madera no acaba en Gabriel, sino que se extiende a Francisco, que aunque no conoció a su abuelo sabe de sus virtudes por las largas historias que desde chico le relata su padre. A diferencia de sus predecesores, el menor de los Minitello comparte la pasión por la madera con otra no menos trascendente en su vida: la música. Tras haber logrado salir delante luego de ser parte de la tragedia de Cromañón, Francisco conjuga su labor en la fábrica con su vocación de concertista, que desarrolla en el Conservatorio Superior de Música “Astor Piazzolla”.


Cada madera que le da vida a los esqueletos de los sillones de Estilo Confort, tiene algo de Silvestre, tal vez sea porque su hijo y su nieto aún hoy las tratan con el mismo cariño y dedicación que aquel inquieto carpintero catanés.


 


(*) Messina es historiador, vecino y enamorado del barrio de Liniers.

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EL CARPINTERO DE BERGERAC


11/06/2018


Hoy lunes, como todos los 11 de junio, se celebra en la Ciudad de Buenos Aires el Día del Vecino Participativo. La fecha fue instituida oficialmente en 1990 por decreto de la Ciudad, tras la iniciativa de un grupo de vecinos del barrio de Villa del Parque.

El 11 de junio coincide con la fecha de la segunda fundación de Buenos Aires, desarrollada por Juan de Garay, en 1580. El Día del Vecino Participativo intenta destacar la importancia del trabajo en conjunto entre las organizaciones barriales, los vecinos y el Estado, junto a la presencia de asociaciones civiles, culturales y deportivas.

Por eso, como homenaje a todos aquellos vecinos que han contribuido a forjar la historia de cada barrio, aquí va el recuerdo de uno de ellos, que como tantos otros llegó hace muchos años desde el viejo continente para plantar sus raíces aquí y hacer del barrio su lugar en el mundo.


“Cuanto más vacía está la carreta, mayor es el ruido que hace; y nadie está más vacío que quien está lleno de egoísmo”, solía repetir en su particular francés castellanizado Albert Renversade, izando a su paso la bandera de la humildad. Así lo recuerda hoy Susana, una de sus siete hijos –seis mujeres y un varón- mientras entremezcla sonrisas y ojos húmedos al hablar de su querido Pepé, como se lo conoció en estas tierras.

Albert Renversade había nacido el 20 de julio de 1879 en Bergerac -la tierra del legendario Cyrano-, una pintoresca ciudad ubicada en la provincia de Aquitania, en el sudeste de Francia. Desde allí, en una lluviosa mañana de finales de agosto, partió rumbo al puerto de Burdeos. Lo acompañaban sus padres Louise y Jean y sus tres hermanos, Paul y Gastón –los mayores- y León, el menor.

Al obstinado carpintero Jean no le importaba abandonar sus raíces en pos del bienestar de su familia. Y ahora, el sueño repetido de encontrar tras el Atlántico la tierra que les deparara un futuro digno y promisorio -el mismo que en su patria no había podido hallar-, estaba a punto de convertirse en realidad. En el registro de arribos que aún se conserva en el Centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos (CEMLA), se indica que los Renversade arribaron al puerto de Buenos Aires el 15 de octubre de 1888, a bordo del buque Córdoba -de bandera española- que había partido del puerto de Burdeos en aquella inestable jornada de agosto. Los datos complementarios indican además que la familia era de religión católica y todos sus integrantes –a excepción de los dos hijos menores- eran de profesión charpentier (1).

El pequeño Albert -de solo 9 años de edad- y su familia se instalaron por algún tiempo en el hotel conocido como “La Redonda”, que entonces se ubicaba a orillas del río, en el predio que hoy ocupa la Terminal de Ómnibus de Retiro. “El Antiguo Hotel de Inmigrantes recién fue habilitado en 1911”, cuenta el Arq. Sergio Sampedro, coordinadora del Museo Nacional de la Inmigración, dependiente de la Dirección Nacional de Migraciones.

Luego de algunos contactos en la ciudad, la familia francesa se mudó a la casa de Julien, un paisano de Bergerac que desde hacía unos meses vivía en un típico conventillo de La Boca. “Papá estuvo ahí con su familia casi hasta que se casó con mamá, cuando se radicó definitivamente en Liniers”, cuenta Susana, la quinta heredera de los Renversade “made in Argentina”, que acaba de cumplir 94 años.

Ya con 18 primaveras sobre su joven espalda –y nueve de ellas en América- Albert entró a trabajar como electricista al Congreso de la Nación, de donde muchos años más tarde se jubilaría como Jefe de Mantenimiento del Senado. Alto, fuerte, algo tosco al caminar, con ojos color de cielo y mirada apacible, Albert se transformó de a poco en el “multiuso” del Congreso. “Se daba maña para todo –recuerda Susana-, él era carpintero pero sabía de electricidad, albañilería, plomería o instalaciones de gas”, y luego agrega presurosa “hasta creó un sistema que al apretar un botón todos los relojes del Congreso se ponían en hora automáticamente”.

Pero aferrándose a su humildad y a su bajo perfil, Pepé jamás se jactó de sus habilidades. Ni siquiera cuando en los festejos del centenario de la Revolución de Mayo, la embajada francesa intentó premiarlo como uno de los más dignos ciudadanos galos residentes en el país. “El premio lo retiró uno de sus hermanos a la semana siguiente, porque él decía que había mucha gente que había hecho más que él por la Argentina”, evoca Susana con una sonrisa nostálgica.

Entre los documentos que atesoran sus descendientes, se encuentra una emotiva carta manuscrita fechada en septiembre de 1912, que todavía les eriza la piel. Es una fina hoja amarillenta, dibujada por letras desprolijas, duras, pero esmeradas, donde con esfuerzo aún puede leerse en uno de sus párrafos: “Teresa, no es fácil para mí espresarme (sic) y menos en estos temas, pero si de algo estoy seguro es que te amo”. En la dependencia central del Registro Civil consta que el 12 de octubre –vaya paradoja americana- Albert Renversade contrajo enlace con Teresa Faccetti, una argentina hija de inmigrantes italianos de apenas 14 años, 18 menos que el apasionado carpintero francés.

Como no podía ser de otra manera, la vieja y enorme casa de la calle Ibarrola al 7100 –en el corazón del barrio de Liniers- fue obra de sus propias manos. Allí vivió hasta el final de sus días con su esposa Teresa (o cariñosamente Memé para él y los suyos) y sus siete hijos. La misma que hasta hace muy poco también disfrutó su hijo Alberto, pero que –con las piezas vacías y el eco del patio cargado de nostalgia- debió abandonar para instalarse en un departamento mucho más pequeño, en compañía de su esposa.

Hoy la carreta de los Renversade argentinos está colmada de enseñanzas y gratos recuerdos del querido Pepé, el humilde y espigado francés oriundo de Bergerac, que dejó para siempre en la Argentina la impronta indeleble de los grandes. Mercy Pepé.


Ricardo Daniel Nicolini

 



  • charpentier: carpintero en francés.


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