ALFREDO PLANK: AMOR, ARTE Y PASIÓN EN LOS PASAJES DE LINIERS

Entrevista al genial artista plástico local que desde hace años reparte sus días entre Argentina y Alemania

 


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Por Ignacio Messina (*)

Calle Caseros al 900, segundo piso por escalera (“no funciona” se leía en un cartelito ubicado en el ascensor). Hasta allí me llegué para entrevistar a este querido artista, que tanto tiene que ver con las calles, los pasajes y los amigos que la vida le fue obsequiando en la intrincada geografía de Liniers.
Antes de empezar la charla con este genial pintor -geminiano y buey en el horóscopo chino- nos castigamos con un  Bloody Mary a base de tomates bien maduros, vodka, limón, sal y tabasco, lo que me confirmó su condición de buen gourmet. Mientras saboreábamos el trago aprovechamos para compartir una charla informal recordando al barrio y los momentos vividos hace pocos días, cuando nos encontramos por estos pagos con motivo del documental que la viuda de Pérez Celis está realizando.
Alfredo Plank nació en Liniers en 1937, siendo otro de los exponentes de la cultura que vio crecer el barrio. Proviene de una típica familia de inmigrantes alemanes, que llegaron en 1922 para instalarse en   Martiniano Leguizamón -antes Tafí- 88. Hoy aquella morada dio paso a un nuevo edificio.
La familia estaba compuesta por su madre Anna Fütterer –a quien recuerda con especial cariño, pues ella fue de gran ayuda para poderse desarrollar en el arte- su padre Georg, de profesión mecánico especialista en motores Diesel (“un hombre de trabajo, de quien heredé la contracción y responsabilidad”, evoca) y su hermano Rolf, dedicado al comercio. “Juntos -subraya- iniciamos una nueva vida en éste barrio que nos recibió con los brazos abiertos”.
Como tantos chicos de la época, la Primaria la cursó en la escuela Félix de Olazábal, de Ramón Falcón y Tellier (ahora Lisandro de la Torre), donde tuvo como compañero a Miguel Ángel Pérez, hermano de Celis. Miguel Ángel  lo conectó con Celis, (que era dos años menor), pues sus inquietudes en el mundo de la pintura eran comunes.
Aún recuerda sus encuentros y andanzas junto a otros personajes de la época, también grandes maestros que el barrio cobijo como Tomás Di Taranto, Alfredo Corace, Elías Castelnuovo o Mario Pucciarelli. Los recuerdos parecen desbordarlo en esta parte de la charla, me dice “yo recuerdo a Liniers como un lugar elegido y maravilloso, pero hoy tengo un gran dolor de verlo como está, ese lugar tan fresco cargado de obreros y gente de clase media  hoy se ve desbordado por las bailantas y la basura. Liniers en mi infancia era un lugar en el que podías transitar a cualquier hora de la noche y nada te pasaba. En verano los vecinos tomaban fresco en la vereda en sus sillas y todo el mundo se saludaba, aun si no se conocían, y ahora me da tristeza verlos enrejados y escondidos para que no los maten. Hoy los pibes no pueden jugar al fútbol en la esquina de su casa, eso me da nostalgias y pena”.
La primera vez que colgó un cuadro fue en el Pasaje José Carballido, en un salón preparado especialmente en el Club Social Liniers. “Saque la primera mencións”, enfatiza y me trae una vieja foto que conserva como una joya, donde está junto a Torres Agüero, un pintor conocido en la época, Celis y su primera mujer Sarita y otros amigos de la infancia.
Como todo estudiante de Bellas Artes, su ambición era viajar a Europa y especialmente a París. Así que luego de recibir en 1957 la Primera Mención en el Tercer Salón de Artes Plásticas de Liniers y luego, en 1958 el Primer Premio Estímulo en la muestra “La Calle en Manchas”, decidió emigrar. Recuerda especialmente una noche de 1959. “Estaba tomando una ginebra con Hugo Demarco y Roberto Duarte cuando decidimos irnos”. Allí comenzó a gestarse el viaje que, como no podía ser de otra manera, tuvo su costado aventurero. “Por entonces trabajaba de cualquier cosa, y un poco con ese dinero y algo que mi padre me aportó, me pude embarcar junto a mis amigos a Europa a fin de recrear mi imaginación y seguir estudiando a los maestros del viejo continente. Mis amigos se fueron a París, pero como yo sabía hablar alemán, nos separamos en Vigo y yo me fui solo para Munich”.
Los primeros tiempos fueron muy duros, pero Plank hizo gala de su chamuyo linierense y la historia empezó a torcerse. “Me fui haciendo amigo de artistas de la época, conocí gente en las galerías de arte y así pude comenzar por esos pagos mi carrera profesional”, explica. La estancia duró casi tres años, entre 1959 y 1961. Al regreso conoció a la que sería su mujer y juntos tuvieron tres hijos.
Para esa época ya estaba ubicado en el ambiente artístico alemán, donde obtuvo algunas distinciones, hasta que a principios de 1970 ganó el premio Alberto Durero, distinción que otorga el gobierno alemán. Poco más tarde, como no era de extrañar, recibió una invitación para dar una serie de charlas sobre pintura y escultura argentina en Munich, Berlín, Frankfurt y Düsseldorf. “Así fue que alquilé un lugar donde vivir y que a la vez me sirviera de estudio, y hoy reparto mi vida casi ocho meses en Alemania y los restantes en Argentina”, me cuenta.
Entre sus pintores preferidos están presentes los alemanes del expresionismo del grupo “Die Brücke”, como así también del grupo “Der Blaue Reiter” (“el Jinete Azul”) como  Kandinsky, Franz Marc y Gabriele Münter. Pero también admira a Velázquez, Goya, Bacon y Egon Schiele, entre otros. Entre los exponentes argentinos menciona a Leopoldo Presas, a quien destaca como su maestro y admira su calidad humana. “Lo conocí allá por el 1956 como profesor en la Academia de Cerrito entre Juncal y Alvear, y le pedí si podía pasar por su estudio, que estaba en Cerrito y Santa Fé, una vez por mes para mostrarle las cosas que había hecho. Presas con su cordialidad característica me dijo que sí, así que desde entonces guardo un profundo agradecimiento y amistad hacia él”.
Sus innumerables muestras colectivas y sus más de 60 muestras individuales me impulsan a destacar a un artista de incalculable valor, nacido y criado en nuestras calles. La primera fue en 1958 con Pinturas en el “Pequeño Teatro Libre”, de la Subsecretaría de Cultura de la Municipalidad de Bs. As. Luego llegarían las muestras en la “Galería Altgasse  4” (Alemania 1977 y 1978), en la “Galería Kreisler” (Barcelona, España 1997), en el “Museo Eduardo Sivori” en Buenos Aires y su espectacular muestra “Antología”, en la Biblioteca Nacional en 1999. En el 2000 llegaría la muestra de dibujos en “Asiatic Arte”, en 2005 en “ArteBA” y agalma arte, o en el “Museo de Bellas Artes Benito Quinquela Martín” en 2007. Plank es principalmente un artista, un pintor figurativo, que no se puede encasillar en una rama determinada, pues utiliza el dibujo clásico, pero otorgándole un tratamiento pictórico moderno, evitando las mezclas y valiéndose de colores planos, así que dejo para los “críticos en serio” o para los historiadores del arte, la tarea de definir y valorar su obra, yo, como tantos otros, simplemente me dedico a disfrutarla.
Todos aquellos que quieran ver sus obras o contactarse con él, pueden acceder a  alfredoplank.blogspot.com ó contactarse a su mail  alfredoplank@gmail.com.
Miraba entonces en el estudio las fotos que luce con orgullo de su familia. Allí están sus hijos Marcia, Paula Eleonora, Ana Florencia y Emiliano, y sus nietos Sofía, Lucas, Delfina y Simón. Observaba con especial atención sus obras, y pensaba cuántas de ellas tienen un sabor al barrio, pues desde nuestras calles su imaginación tomó vuelo y hoy este artista la desparrama por el mundo entero.
Iba regresando al barrio y al llegar sentí un abrazo simbólico de los pasajes, como si fueran duendes que, con una amplia sonrisa, saboreaban el éxito y el prestigio de un artista surgido de sus entrañas.

(*) Messina es historiador, vecino y enamorado del barrio de Liniers



 
 

La barra linierense. Alfredo Plank, fumando su pipa junto a Pérez Celis y su primera esposa Sarita, Leopoldo Torres Agüero y amigos, el  19 de octubre de 1957.


Plank por Plank. Así se ve por estos años el artista, que en el año 2000 recreó su rostro en un colorido autorretrato.


 
 
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